Un lugar abierto en el que se pueden hacer cosas. Así de sencilla es la definición de lo que ocurre -y de lo que puede ocurrir- en el número 105 de la calle San Francisco de Santa Cruz de Tenerife. En el penúltimo día del Glocal Camp, trasladamos nuestro epicentro de trabajo hasta el Espacio 105.

 

Ese primer acercamiento al espacio lo relata Miguel Ángel. Él lo conoce bien porque perteneció a la empresa de su familia hasta que en 2005 trasladaron el negocio a otro almacén. El local se construyó en los años sesenta y ahora quiere ser «una semilla de otra forma de hacer las cosas». La idea está inspirada en las enseñanzas de Rudolph Steiner y su teoría de la antroposofía. «Todo lo que él pensó hace cien años sigue estando de actualidad», asegura Miguel Ángel. «Steiner supo que tenía que llevar los conceptos de la teoría a la práctica» y ellos siguen su estela.

 

Fotografía: Laura Murillo | Instagram

 

El Espacio 105 lleva existiendo como tal desde 2015. Está gestionado por una asociación compuesta por una treintena de personas, aunque las usuarias son muchas más. En estos dos años y medio se llevan haciendo actividades muy distintas entre sí: es la sede de un grupo de consumo de verduras ecológicas -«un ejemplo de actividad económica real»- el local de ensayo de un colectivo de teatro, el lugar de reunión de Canarias Cohousing y Som Energia. Incluso una comunidad local está construyendo allí un kayak con el sistema tradicional que usan los neozelandeses para crear las embarcaciones.

«La idea es que la asociación se haga con el espacio», relata Miguel Ángel, «para poder darle continuidad en el tiempo y de la misma forma, poder generar un beneficio para los asociados». Además, CivicWise va a encargarse del rediseño del espacio.

«Steiner entendía que, en el futuro, las asociaciones y colectivos iban a ser los que determinarán el precio de las cosas, que es la base de la economía. Ahora estamos en manos de unas entidades que cada vez son mayores y que no poseen un equilibrio entre consumidor, productor y distribución.»

El reto ahora es profundizar en la conexión con el barrio: «Estamos caminando; todavía queda mucho por andar aunque creo que poco a poco va a tomar una dimensión todavía más grande».

Domenico Di Siena: «La legitimidad no viene del número de personas que participan sino del protocolo y del método que utilizas.»

Fotografía: Uve Navarro | Web | Instagram

 

Domenico Di Siena, consultor, investigador y promotor de proyectos de innovación cívica y parte de la red CivicWise, fue el encargado de dinamizar el taller sobre diseño cívico. En él se redefinió, entre otras cuestiones, la posibilidad de suavizar las fronteras de las instituciones, a las que renombramos como extituciones. Este concepto, junto con multipertenencia, procomún e inteligencia colectiva, son las cuatro patas sobre las que se sostiene el diseño cívico. «A veces se confunden Red y redes sociales porque todavía hay una conciencia de red en la que seguimos trabajando».

En el taller dijiste: «Uno de los fallos de las plataformas digitales de participación ciudadana es la importancia que se le da al voto».  ¿Cuál sería la alternativa?

La democracia es uno de los mejores modelos para alcanzar la justicia entre diferentes propuestas. El nodo principal de cualquier proceso democrático es el voto: define la existencia de una mayoría y una minoría. Desde el diseño cívico, pensamos que el elemento esencial es la inteligencia colectiva y su enfoque está más orientado a la creación de algo nuevo. No se trata tanto de elegir entre propuestas ya definidas como de que, con las distintas capacidades de diferentes personas juntas, puedan desarrollar una nueva propuesta. No es solo conseguir que opinen muchas personas. La inteligencia colectiva tiene un enfoque importante sobre la capacidad creativa: cómo nos juntamos para crear algo nuevo, y eso pasa por un proceso de aprendizaje colectivo.

Ahora disponemos de muchas tecnologías y tenemos muchas ganas de usarlas para ver si puede participar en estos procesos mucha más gente. Sin embargo esas plataformas necesitan una vuelta de tuerca más para no solo centrarse en el voto sino también en los procesos de creación y aprendizaje y en la creación de nuevos imaginarios. El voto está bien pero no puede ser el elemento fundacional de la participación ciudadana sino que tiene que ser uno más. Parece que estamos centrándonos mucho solo en el voto, cuando debería ser el último paso, después de haber lanzado un debate, como el que podría ocurrir en una plaza.

También hablabas de que estas plataformas deben convertirse en plazas digitales en las que no solo se vote sino que también se dialogue.

La plaza es un escenario muy potente para ver de qué forma, como sociedad, podemos generar procesos de convivencia y de innovación cívica. Deberíamos entenderlas como una plaza digital en el sentido de que se encuentra en constante conexión con lo que está ocurriendo en el territorio y no entenderla como una superposición alejada, como si participaran agentes diferentes. Como si en lo digital participan unos y en lo presencial otros, porque no es verdad. Somos los mismos pero participamos en formas y contextos diferentes. Lo digital nos permite acceder a un proceso de creación colectiva de forma asíncrona.

¿Cómo instaurar cultura de la participación en una sociedad en la que hasta ahora brillaba por su ausencia?

Existe un problema cultural y de educación, por un lado, y por el otro, una oportunidad para mejorar esas herramientas. Aunque llevamos mucho tiempo trabajando en la participación, es ahora cuando está realmente en la agenda, lo cual es muy positivo, porque se habla mucho de ello. Todavía hay una fuerte dependencia de los procesos representativos. En ocasiones, a los procesos participativos se les ha tachado de no ser legítimos porque participan muy pocas personas, y para mí eso es no entender lo que es la participación. Creo que no tiene que ver con esos procesos democráticos asociados a votos y a representantes sino que tiene que ver con la capacidad de incluir en los procesos de transformación del territorio a nuevos actores, que tiene otro conocimiento dentro de ese mismo territorio. Entre ellos, los ciudadanos, que conocen el terreno muchas veces mejor que los políticos o los técnicos. Con la participación ampliamos el espectro de conocimiento que incluimos en un proceso y agrandamos el número de personas y de diversidad que participa de ese proyecto creativo. La legitimidad no viene del número de personas que participan sino del protocolo y del método que utilizas. Y tiene que estar enfocado a la transparencia y a la accesibilidad y a acciones que garanticen que cualquier persona que quiera participar, puede hacerlo.

¿Toda la ciudadanía está ‘obligada’ a participar?

Cuando centras la participación en el voto estás obligado a llegar a todos. Si estamos votando y llevando adelante un proceso democrático desde la administración pública, por supuesto que hay que llegar a todas las personas posibles. Hay que privilegiar la voluntad de unas personas de proponer ciertos proyectos. Eso se está empezando a hacer, esos espacios se están amplificando para que las propuestas no solo sean de una persona y después se voten sino que exista la construcción colectiva de proyectos. Luego si hay que elegir entre varias propuestas, pues que vote el mayor número posible. Pero para legitimar ese proceso no se trata de cuántas personas voten sino la capacidad que tenemos de alcanzar una diversidad muy amplia de proyectos propuestos.

Cómo convertir CivicWise en un (auténtico) safe place

Por la tarde, después del taller de diseño cívico, hicimos el taller de Safe Place en un lugar con una magia especial: el local del Equipo Para. Ocupamos sus espacios (la terraza, los pasillos, la sala grande), sus suelos y su cerveza para, entre todas, visualizar sobre una pizarra los momentos en los que generamos dinámicas contrarias a los valores de CivicWise. Con Ioanna Valero al frente, intentamos escuchar a todas las personas participantes para integrar el máximo número de puntos de vista y nuevos enfoques sobre microproblemas que se hubieran podido dar, tanto en estos días de Glocal Camp como dentro de la organización.

 

 

Fotografía: Laura Murillo | Instagram

 

La acogida de las últimas en incorporarse, la visibilización de las mujeres, la gestión interna, las dinámicas heredadas culturalmente, etc. Todo comportamiento o rutina que pueda perjudicar a alguien debe ser detectado para hacer de CivicWise un safe place, un sitio seguro. También para el baile, una parte importante de esta edición del Glocal Camp. Después del taller, lo bailamos todo con Juana La Cubana. Porque el rumbeo hace mucho que ha cambiado de bando.

Fotografía: Laura Murillo | Instagram

WTFisgoingonCW

También tuvimos el último WTFisgoingonCW, edición Santa Cruz de Tenerife, en el que pudimos conocer un buen número de iniciativas y proyectos, desde Canarias Cohousing hasta la ciudad italiana de Trieste. Aquí el vídeo completo: